PRINCIPAL --> Yahualica J F Navarro
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Por: JARN
La primera descripción del Señor del Encino, la hizo el Sr. Cura D. Cesáreo Villegas el 14 de Febrero de 1864; y dice: "La imagen del Sr. Del Encino tiene la altura vara y tres cuartos con una corona de plata sobredorada, tiene un sendal muy decente y costoso, por ser de tela fina, buenos galones y flecos de oro".
En 1946 Agustín Yánez, describe la imagen, en su libro "Yahualica": La devoción más profunda y sólida de los hijos de Yahualica y de sus familias es la de EL SEÑOR DEL ENCINO, PATÉTICA IMAGEN DE CRISTO CRUCIFICADO MUERTO, PATÉTICA POR LA NOBLE SOLEMNIDAD DEL ROSTRO: POR LA CONMOVEDORA POSTURA DE LOS BRAZOS, QUE LUCHAN A DESCLAVARSE PARA TOMAR ACTITUD DE ABRAZO EFUSIVO, ETERNO; POR LA VIOLENCIA DE LAS PIERNAS FLEXIONADAS QUE PARECEN ESTREMECIDAS DE DOLOR O DE FRIO. NO ES DE UN CRISTO SANGRIENTO NI DESCOMUNAL, MAS BIEN DE DIMENSIONES REDUCIDAS Y DE BLANCURA MORTECINA; PERO ES UNA IMAGEN IMPRESIONANTE Y COMPENDIA LA TRADICIÓN VITAL DE MUCHAS GENERACIONES".
"El hecho importante es la pasión popular cifrada en la imagen, verdadero polo del sentimiento público y resorte de la vida regional desde tiempos lejanos. Al Señor del Encino acuden los necesitados de la comarca y las aflicciones de los yahualicenses radicados en tierras remotas, en las calamidades del pueblo, sequías prolongadas, temblores, epidemias, la imagen es traída de su capilla de Los Ocotes donde tiene su asiento fijo".
El muy ilustre Sr. Canónigo Dn. Luis Enrique Orozco conoció la imagen del Señor del Encino en Enero de 1942 y dice que como el escultor tuvo que ceñirse a la forma que tenía el árbol de encino donde se sacó, manifiesta algunos defectos contra las leyes del arte como tener imperfecto el torax y abdomen, el brazo derecho más alzado que el izquierdo y éste un poco más largo, de manera que la mano sale del patíbulo o palo transversal de la cruz. Tiene las costillas apenas señaladas y la herida del costado no muy ancha, más cargada hacia el pecho, las piernas se le ven encogidas, con las llagas de las rodillas, brotadas y manando hilos de sangre que también le corre de los hombros y de las heridas de las palmas de las manos.
El pie derecho lo muestra sobre el izquierdo y aquí la herida del clavo respectivo, no la tiene sobre el empeine, sino sobre la articulación del tobillo, lo cual parece más conforme con la realidad de la crucifixión. El crucifijo está inclinado hacia delante, siguiendo la natural inclinación del árbol, por esto las manos y pies quedan notablemente retirados del madero de la cruz y son menester unos clavos largos que lo fijan en la cruz, y así viene quedando cierto espacio libre entre la cruz y el dorso de las manos y de los pies. Los dedos de las manos aparecen encogidos.
Su rostro que es bellísimo y sobre manera devoto de aspecto de finura y embargado de melancólica tristeza, no lo tiene inclinado a la derecha sino caído sobre el pecho y es de facciones delicadas y bellas, bajo el punto de vista artístico, con la llaga sangrienta en la mejilla izquierda.. Más bien manifiesta medio rostro por su lado izquierdo.
Todo su cuerpo es de un blanco alabastrino brillante, que contrasta muy bien con la renegrida sangre.
Su barba es partida bien modelada de color negro y brillante, detalles que, como ya se ve, lo tornan hermoso, devoto y de grande atractivo. Le colocan en la cabeza una gran cabellera y sobre ella una rica corona de espinas de plata dorada, con tres ráfagas o potencias. Cubren su cintura con riquísimos sendales de telas preciosas de diversos colores con artísticas bordaduras, galones, flecos y borlas de oro como es tradicional entre nosotros adornar los crucifijos antiguos y de mayor veneración.
La Cruz que sostiene al Señor del Encino es de madera con el cetro oscuro, bordeado y de una talla de madera en forma de cornucopias y terminados los extremos en figura de una concha, sin que falte en el extremo superior del palo vertical con las siglas I.N.R.I. (Jesús Nazareno Rey de los Judíos). Un resplandor formado de doradas ráfagas salen del centro de la cruz y van descendiendo de menores a mayores hasta en dirección de los pies y esto le presta mejor y más agradable aspecto.
"Así lo conocí y veneré con fruición, dice Dn. Luis Enrique Orozco y con respetuosa devoción, entonces me pareció ser este Santo Cristo sobre manera hermoso y venerable, muy digno de fama que lo acompaña y sobre todo del inmenso amor que le profesa toda aquella vasta región y demás devotos habitantes de Guadalajara.
El Sr. Cura Melquíades Rubalcava, originario de Yahualica, le dice en su novena: "Señor del Encino... Tú veniste a morar entre nosotros con una providencia de amor de predilección y con todo tu poder divino, a favorecernos; no tuviste otro motivo, postura o forma de manifestarnos tu infinita caridad que crucificado o como estuviste en el calvario el gran día de tus dolores, agonías, muerte y redención o más bien el día de tu amor infinito para los hombres.
Te contemplamos con un santo desatino: tu cabeza inclinada como para escuchar nuestros ruegos y contestarlos sin dilación; tus brazos como que quieren dejar la cruz para descender a estrechar a los que te invocan. Allí se lee lo que quisiste ser para esta porción de tus hijos: Verdadero Redentor"
La encina fue instrumento, que tú le fuiste dando la forma de tu cuerpo, como del nuevo Adán, fue la primera maravilla para llamar a tus hijos a que te conocieran, que en aquel leño, estaba exacta la figura de tu humanidad, que padeció tanto por nosotros; y hoy es salud y bendición para los que creemos en ti. La novedad, la romería, el saludo de la fe y las invocaciones, fueron de lo mas ardiente en los primeros visionarios. Luego se multiplicaron los favores, milagros y maravillas.


Fuente:
DATOS PARA UNA HISTORIA DEL SEÑOR DEL ENCINO Y LA PARROQUIA DE YAHUALICA POR EL Pbro. Juan Francisco Navarro.
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