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Por: JARN
TRADICIÓN ORAL
Existe en Yahualica, una constante tradición oral acerca del origen del Sr. del Encino, tradición fuerte que se ha venido trasmitiendo de padres a hijos y de hijos a nietos desde tiempos inmemoriales. Tradición que no deja de estar envuelta en la conseja religiosa por la sencilla piedad popular, cuyo fondo real es el hallazgo de un tronco de encino con figura de cruz, donde encontraron delineada la expresada Imagen del Sr. del Encino que engolosina nuestra piedad y enardece nuestra fe.
“PATÉTICA IMAGEN DE CRISTO CRUCIFICADO MUERTO. PATÉTICA POR LA NOBLE SOLEMNIDAD DEL ROSTRO; POR LA CONMOVEDORA POSTURA DE LOS BRAZOS QUE LUCHAN A DESCLAVARSE PARA TOMAR ACTITUD DE ABRAZO EFUSIVO, ETERNO; POR LA VIOLENCIA DE LAS PIERNAS FLEXIONADAS QUE PARECEN ESTREMECIDAS DE DOLOR O DE FRIO. NO ES UN CRISTO SANGRIENTO NI DESCOMUNAL; MAS BIEN DE DIMENSIONES REDUCIDAS Y DE BLANCURA MORTECINA; PERO ES UNA IMAGEN IMPRESIONANTE Y COMPENDIA LA TRADICIÓN VITAL DE MUCHAS GENERACIONES.”
El Sr. Vicente Gómez Ruvalcaba que nació el 5 de Abril de 1886, (Libro de Baut. No. 26 pág. No. 62) narra que en 1904 cuando el contaba con 18 años de edad, radicaba en Ocotes de Moya, un señor llamado Ángel Hernández Moya, a quien apodaban “Ángel Pata” anciano de 84 años de edad, que muchas veces le escuchó contar que un hermano de su abuelo materno llamado Darío Moya, fue quien se encontró la Imagen del Sr. del Encino.
Que este Sr., Darío Moya, era afecto al juego de baraja le gustaba el licor que bebía en abundancia y maltrataba a su mujer. Llendo por esos lugares de las Mesas, los Soyates, Agua Colorada, Palo Gacho en busca de sus cómplices de vicios, pasaba por debajo de un árbol de encino, siguiendo la vereda, y una rama de encino le tumbaba el sombrero.
Fastidiado por el incidente, determinó cortar la rama. Trajo de su casa un hacha, subió al encino y al descopetar la rama se encontró con algo novedoso.
Inmediatamente da cuenta a sus vecinos quienes le ayudan con cuidado a cortar ramas hasta dar con la figura del Santo Cristo, lo llevaron al ojo de agua que esta detras de la escuela y ahí lavaron el tronco y le quitaron algo de cáscara y de viruta..
Datos, dice, tomados de los más antiguos que conocí en Ocotes.
Y luego describe el lugar; “Al pie de la cuesta de Ocotes por donde pasa la vereda, se encuentra un arroyo, y subiendo este arroyo por la cuesta, como ciento veinticinco metros a mano izquierda, está una grande roca y sobre ella se encuentra una cruz de cantera, tirada y rodeada de otras pequeñas piedras y en el centro de dicha cruz está grabada la fecha de cuando se encontró al Sr. del Encino”. (1747), (esta fecha la da el P. Román Pérez basado en la lectura que encontró en dicha cruz).
“Como a cuatro o cinco metros al norte de esta roca, se encontraba un árbol grande de encino que contenía una rama de gran grosor formando dos brazos a manera de cruz a cuya sombra pasaba la vereda, donde tenía que recoger su sombrero su tío abuelo. El Sr. del Encino se encontró en la rama de ese árbol, formando un trozo ovalado en forma de cruz”.

Este Sr., Darío Moya, llendo al río Verde a pescar, aborda un charco llamado la Cucharita, se desnuda y se clava en las aguas profundas del charco y jamás salió (datos tomados por los pescadores del Zapotillo).

Como en ese tiempo, los habitantes de Ocotes, pertenecientes a la raza indígena, habitaban en chozas de zacate, trazaron una enramada para colocar la imagen; como estaba al interperie, al paso del tiempo le formaron una hermita con material de adobe; y fueron a Guadalajara en busca de un escultor para darle mayor perfección. Sí, datos tomados de los más antiguos de ese lugar.

Pasando el tiempo y viendo la devoción y muchedumbre de los fieles, los hermanos Moya, Dn. Lino, Dn. Antonio y Dn. Tomás, regalaron parte de su terreno para formarle un templo con más ampliación.

Dice el mismo Vicente Gómez Ruvalcaba, que el fue el encargado de ese templo de 1921 a 1925 y que en la casa cural de Ocotes, estaban las ramas secas del árbol del encino de donde se sacó la imagen; a los devotos que iban a visitar de les daban astillas de ese madero y les llamaban “reliquias”.

“En aquel tiempo hubo personas con el nombre de mayordomos, encargados de la Imagen de la Imagen del Señor del Encino. En cuanto a las obras materiales, todos trabajaron, pero si como memorables fueron los siguientes: Lino Moya, dando principio a los cimientos y parte de los muros, luego su hermano Tomás, por que Dn. Antonio había fallecido, luego Sixto Tejeda Moya (En el libro de la cofradía del Señor del Encino, cuyas primeras páginas son del Sr. Cura Dn. Cesáreo Villegas, este señor Francisco Tejeda aparece como fiscal del santuario en (1864) . Prosigue la lista: Clemente Ledesma, Serapio Hernández, Julio Mercado Gómez, Gerónimo Mercado Gómez, Julian García, Dn. Martín Hernández Márquez, Cecilio Corona García, Casiano Villegas González, este hace entrega a su servidor; (Vicente Gómez Ruvalcaba) y yo hago entrega a Valentín Mercado Núñez”.

Esta misma tradición la incluye en la “Devota Novena en Honor del Señor del Encino que se venera en la Parroquia de San Miguel de Yahualica”, el Sr. Cura D. Melquiades Ruvalcaba, que nació en Yahualica a finales del siglo XIX fue párroco de Tuxpan, Jal. Por espacio de 38 años y que conoció las tradiciones de su terruño; el 24 de Octubre de 1966 publicó dicha novena; en el segundo día resume lo que puede tenerse como verdadero sobre el origen del Señor del Encino:

“Fue voluntad de Nuestro Señor reproducir su Imagen en una encina y en los campos donde se instaló el poblado llamado Ocotes de Moya, se desarrolló el árbol, sembrado por la mano de Dios y cuando ya corpulento y sus frondas (o ramas) hacían sombra al arroyuelo de aguas azules que desciende de una meseta, fue comprendido que allí estaba la “figura” de la Humanidad de Cristo Redentor”.
“Fue examinada con toda atención y con alegre y piadosa sorpresa, fue definido que estaba (deliniado) el cuerpo de nuestro Redentor. Lo extrajeron de la encina, le dieron la talla del arte y quedó el Cristo que engolosina nuestra piedad. (siguió) la aprobación y bendición de la Santa Iglesia (y se) le dió el título de “EL SEÑOR DEL ENCINO” con todo el gozo de los fieles.”
Así se le reconoce, se le ama, se le invoca y festeja en Yahualica, su comarca y otros lugares.
En el lugar donde estuvo el árbol de encino, se levanta ahora, una Cruz sobre una peña de piedras y al pie lleva esta inscripción que ha hecho grabar, el Sr. D. Valentín Mercado, vecino de Ocotes de Moya, en una losa de Cantera: “ESTA CRUZ CONMEMORA EL LUGAR DEL HALLAZGO DEL SEÑOR DEL ENCINO. EN MEDIO DE ESTAS DOS PIEDRAS ESTABA EL ENCINO DONDE SE ENCONTRÓ DELINEADA LA IMAGEN EN 1747”.

Fuente:
DATOS PARA UNA HISTORIA DEL SEÑOR DEL ENCINO Y LA PARROQUIA DE YAHUALICA POR EL Pbro. Juan Francisco Navarro.
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