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Por: Javier Contreras
Como si hubiera hecho un acto de acrobacia o mínimo haya atravesado nadando un rio infestado de pirañas o cocodrilos, la mayoría de las personas que leyeron la pasada revista de APRECIO me preguntaban con respecto al artículo que escribí en ella (Para un gobierno que no gobierna… una oposición que no se opone), en el cual di a conocer mi punto de vista en relación al actuar de las autoridades de este ayuntamiento de Yahualica, principalmente del Presidente y los demás Regidores, que si no tenía miedo, que si no me habían amenazado, y no se que otras cosas más. La verdad, y lo digo sin afán de sentirme todo un Chapulín Colorado, me da más miedo quedarme callado, a ser tan solo un testigo mudo más de la forma indigna en que el ciudadano común y corriente es tratado, de ver como se reparten los gobernantes la mayoría del pastel y al pueblo solo le dejan las migajas cuando bien les va.
Pero ese cuestionamiento de que si no tenía miedo, me ha servido para darme cuenta de algo que sin duda yo creía que ya estaba erradicado en nuestro pueblo, ese algo es que todavía existe un gran número de personas que no se han dado cuenta que vivimos en otras épocas, en que la libertad de expresión es no tan solo un derecho ganado a veces hasta con sangre, sino que es también una responsabilidad, ya que creo que si alguien no señala cuando se cometen atropellos, y aún más que quien los comete es la misma autoridad, quien no se atreve a denunciarlo, sin querer se convierte de manera indirecta en cómplice de dichos actos autoritarios.
Otra de las cosas que se me cuestionó acerca del mismo artículo es que si de alguna manera no me sentía algo mal por criticar tan fuerte, principalmente al Presidente, ya que como algunos saben, además de amigo es mi compañero de profesión, mi respuesta es que me siento con la conciencia tranquila, por que en dicho escrito me estoy refiriendo al servidor público, a quien se le está pagando por realizar bien su función y en ningún momento estoy criticando a la persona o al profesionista.
Y que decir de la crítica que hago en este mismo artículo a mis compañeros de partido. Ellos muy bien que me conocen y saben que mi comentario es desde el punto de vista de un ciudadano mas, que entienden bien que la mejor forma de cambiar es con la autocrítica, que es mejor ésta que el elogio sin fundamentos y comprometido. El hecho de pertenecer al mismo grupo político no debe ni debería impedir a los ciudadanos a ejercer su derecho a expresarse.
Desafortunadamente para la gran mayoría de nosotros, es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que reconocer la viga que tenemos en el propio.
Hasta hoy para aquellos que me han preguntado si he recibido amenazas o represalias de quienes se sintieron ofendidos por lo escrito en el número anterior de esta revista, les puedo decir que a lo que más ha llegado es a aplicarme la ley del hielo, es decir que me retiraron su amable saludo, pero lo que también les puedo decir que ninguno de los aludidos, cuando menos hasta esta fecha, se ha acercado a mi para decirme mentiroso.
Quiero por último, en esta ocasión agradecerle al editor de esta revista, al Sr. Felix González por la oportunidad que le ofrece a los ciudadanos sin importar su ideología política en su medio informativo para dar a conocer su opinión abiertamente acerca de su entorno social. En lo que a mi concierne, estoy seguro de que lo por mi escrito, podrá ser del agrado o del disgusto de la gente, pero al fin de cuentas es solo mi opinión y nada más.
Ojalá existieran mas espacios informativos plurales como esta revista de APRECIO que tiene ahora en sus manos, o que decir de aquel viejo INDEPENDIENTE, que se ausenta por largo tiempo, pero que cuando aparece hace reflexionar y a veces hasta acalambrar mas de algunos, o también de el PERIÓDICO DE AQUÍ, que en su corta vida también sirvió como órgano de opinión ciudadana.
Medios de comunicación que siempre harán falta en la sociedad para que sirva no solo de información sino como medio de contrapeso principalmente ante los abusos del poder.
Por lo pronto, lo único que me queda decir en esta ocasión es que allá ustedes si prefieren quedarse callados, ya sea por miedo, apatía o por conveniencia, yo, mientras me den la oportunidad procuraré seguir opinando para bien de algunos y quizá porque no, para desgracia y coraje de otros.
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