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Por: Juan A Rubalcava
La Espera

El 27 de Septiembre llegó y con este día la solemne peregrinación del Sr. Del Encino, el santo patrono de los Ocotes de Moya y santo mas venerado por la gente de todos los alrededores. El día estaba soleado y húmedo ya que en la noche anterior se había desatado una gran tormenta. Hoy no hice lo que otros años en los que iba a acompañar al Sr. Del Encino desde su santo recinto de Ocotes hasta Yahualica. Hoy, llegué a esperarlo al barrio del rastro. Toda la mañana se escucharon los cohetes y las ristras y yo desesperado quería caminar a encontrarlo. Pero no se hizo esperar. La cruz roja que venía enfrente de la peregrinación llegó atrás de una nube densa de humo que era dejado por las tradicionales ristras.

El Momento

Y pasó el santísimo Sr. Del Encino por donde yo estaba. Detrás de los tradicionales indios danzantes que venían vestidos de un rojo fuerte y los músicos de la banda municipal, quienes usaban camisas rojo chispeante, el santo apareció con su mirada dirigida hacia abajo. Era la imagen de Jesucristo en vida; se veía resplandeciente pues los rayos que adornaban su alrededor brillaban con la luz del sol. No sé si la misma fe que tenía me hacía ver la imagen como algo celestial o tal vez esa era la realidad; yo estaba atónito mirando una imagen del que vino del cielo.

El Sentir

Pensé que lo mas conveniente y hermoso sería que yo caminara junto a la imagen hasta llegar al templo de Yahualica; así que comencé a caminar a un lado de ella. Íbamos atrás de los indios danzantes que bailaban al son de los tambores e iban venerando a nuestro santo. Luego yo me veía atrás de la banda que entonaba canciones religiosas que me llegaban hasta el corazón. Sentía un nudo en la garganta, la piel se me enchinaba y sentía escalofrío. Era una gran emoción estar acompañando al Sr. Del Encino a través de arcos hechos de flores y alfombras dibujadas en el piso de nuestro camino.

Rumbo a La Plaza

Caminamos hasta el templo de la Hermita. Ahí se quedó el Sr. Del Encino por unos instantes mientras se le rezaba. Yo me fui a la plaza principal en donde decidí esperarlo. El jardín estaba lleno y las calles listas para su llegada. Había aproximadamente seis líneas de ristras a través de toda la calle que pasaba por el palacio municipal, además de los arcos hechos de plantas de Santa María que adornaban ya la florecida plaza. Había cientos de gentes ya esperándolo. Yo tomé un lugar del lado del jardín.

No hubo mucho que esperar pues el ruido de las ristras anunciaron rapidamente que el santo ya se aproximaba. Comenzaron a prender las ristras que estaban frente a nosotros y todos corrimos hacia el centro del jardín. Las ristras comenzaron a encender y con ellas un humo muy espeso inundó el lugar. Y otra vez miré los danzantes y la banda, y otra vez vino la emoción a mi pecho cuando miré al Sr. Del Encino. Entre cientos de gentes que lo rodeaban se miraba imponente y a la misma vez humilde. Ya se acercaba a la iglesia que ya estaba congestionada de gente que lo esperaba para estar presente en su misa.

La Cultura

Entre serpentinas y confeti que caían de todos lugares el Sr. Del Encino se miraba solemne. Entró al templo de San Miguel Arcángel, no sin antes haber sido el motivo de vivas, oraciones y canciones. Éste era el Sr. Del Encino, el Santo patrono de los lugares vecinos a Yahualica y el dueño de la fe de toda nuestra gente.

"VIVA EL SEÑOR DEL ENCINO."

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